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El amor a la patria es maravilloso, pero hay algo aún mayor: el amor a la verdad. El amor a la patria divide a las naciones, alimenta el odio nacional y, a veces, sume al país en el luto; el amor a la verdad difunde la luz y genera placer intelectual.
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La fuente de todos los problemas:
como todos los demás componentes de la personalidad, la autoestima no surge de la nada. Se forma a partir de recuerdos de la infancia, relaciones, experiencias personales y rasgos de carácter. Todos estos factores, tomados en conjunto, crean nuestra autopercepción, ya sea buena o mala. Y si una persona se desempeña bien en un área pero tiene dificultades en otra, esto puede dejar una huella en su vida.
La mayoría de los problemas, como sabemos, se originan en la infancia. Una persona crece y se desarrolla absorbiendo libremente toda la información que recibe de sus padres y del entorno. La autopercepción se forma de la misma manera: un niño pequeño aún no sabe cómo evaluar su propio comportamiento, y su autopercepción se basa en las sugerencias de quienes lo rodean y sus reacciones. Por eso, si los padres regañan constantemente a un niño, este se acostumbra a sentirse inútil.
Es comprensible que los padres siempre quieran lo mejor para su hijo. Y en algunos casos, estos deseos se traducen en un sistema de altas expectativas. Debe portarse bien, sacar las mejores notas, ser limpio y ordenado; por un lado, estas cosas parecen perfectamente normales, pero por otro, pueden generar en el niño un sentimiento de hiperresponsabilidad, que posteriormente conduce a sentimientos de restricción emocional. Si no cumple con estas expectativas, se siente fracasado. Pero incluso si lo hace, el niño desarrolla el estereotipo de que solo es bueno cuando obedece a sus padres, y malo en caso contrario. La
baja autoestima suele estar causada por algún tipo de defecto físico o enfermedad. En este caso, el niño se siente diferente a los demás, y su entorno confirma esta percepción. Esto es especialmente difícil si es constantemente ridiculizado por sus compañeros, ya que los padres se enfrentan entonces a la difícil tarea de encontrar y proporcionar al niño un recurso que le ayude a reconocer sus propias fortalezas y singularidad.
La baja autoestima no tiene por qué tener su origen en la infancia. A veces, un solo fracaso profesional grave o una relación traumática son suficientes. Esto suele ocurrir cuando se le da una importancia desproporcionada a un suceso negativo. La persona empieza a autoflagelarse en lugar de pensar en cómo mejorar la situación. Naturalmente, esto conlleva una pérdida de autoestima, que a la larga se traduce en fracaso en todos los ámbitos, lo que a su vez la deteriora aún más.
En algunos casos, una persona importante, como un esposo o un jefe, actúa como un factor traumático. Si te critican constantemente y resaltan tus defectos, no es de extrañar que tarde o temprano estés de acuerdo con ellos. Algunas personas, incluso, logran hacer una evaluación negativa de tus acciones futuras. Por eso, no debes aceptar todo lo que se dice de ti: considera la crítica constructiva y simplemente ignora el resto de la negatividad.
La comparación es un mecanismo muy común entre las personas que se consideran fracasadas. Al observar los éxitos de quienes han logrado más en la vida, puedes motivarte para alcanzar nuevas metas. Sin embargo, para algunas personas, este mecanismo se vuelve excesivo y ocurre el efecto contrario: en lugar de inspirarse, la persona comienza a sentirse inútil y deja de emprender nuevos proyectos. Recuerda que siempre hay alguien que hace algo mejor que tú, pero eso no significa que seas malo. Solo necesitas observarlo con atención y considerar qué lo hace tan especial y si es adecuado para ti. Y, por supuesto, vale la pena establecer metas realistas y situaciones apropiadas, ya que la constante autodesilusión nunca ha inspirado a nadie.
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